SIN SOSPECHA

Siento mis manos más livianas, demasiado livianas. Ya perdieron el miedo, ¡maldito miedo! llegué a pensar que no era capaz de clavarle el puñal a la desalmada esa, pero lo hundí con rabia y precisión. Reconozco que al principio se portó bien conmigo, y lo agradezco. ¡Solo al principio! Yo llegue desarrapada y hambrienta, sucia y descalza, con los piojos dándose un festín en mi cabeza, bichos que me tenían anémica. Al principio quería huir pero después me amañe, estaba cansada de la calle, aquí encontré comida caliente, un techo, cama, juguetes, paseos y aprendí a leer, pero después todo cambió. Malditos cambios… ¡Lástima! llegó ese viejo barrigón asqueroso al que le gustan las orgias abusivas, ahí fue donde ella se desinhibió, pedía orgasmos a gritos, pero se equivocaron conmigo y demasiado. Las otras huérfanas se dejaron, yo también, pero soy rencorosa y vengativa, es algo que ella nunca supo de mí; ignoraba lo que le hice a papá cuando intento tocarme. Maldita abusiva se aprovechó ¡de mí!, me hizo sentir sucia y ese olor a sexo almizclado, aun así, ¡yo, la alcance a querer!, tonta de mí. Que descanso siento, veo como la buscan desesperados, ella está en el fondo del mar. Si supieran que la lance por el acantilado, y me quebré hasta las uñas después de hundir el cuchillo una y otra vez. Se siente maravilloso saber que el mundo cuenta con un vomitivo menos, porque hay demasiados todavía. Gracias a lo compleja que es la abadía y lo grande que es su diseño arquitectónico, me ayuda a disimular la hipocresía que sale dentro de mí, aunque no soy tan cínica. Veo aquellos falsos predicadores de fe, como buscan desesperados a su guía mayor, pobrecitos cómo disimulan su ansiedad de carne y sexo hacia los más desprotegidos. Enfermos, sádicos lascivos, como los detesto, les tengo repulsión, ¡malditos, mil veces malditos!, ¡los odio! ¡Cuánto los aborrezco!, aunque sé, que atente contra el quinto mandamiento, no me importa pudrirme en el infierno, ahí se respiraré mejor que aquí. ¿Por qué no se aparecen los demonios o ángeles cuando ellos hacen sus porquerías?, falsos son unos falsos, como pueden sonreír como si no pasará nada aquí, ¿acaso que somos para ellos? Basura. Impotencia de cuando salen los feligreses y los visitantes, ellos son ingenuos, no imaginan todos los desquicios que ocurren en esta pocilga de ratas y donan sus dineros, creyéndose más santos. Debo sonreír menos, fingir lágrimas de cocodrilo y ocultar mi cara de satisfacción por la labor cumplida y que labor. ¿Debo entristecerme?, no y no. Aquellos hábitos manchados de sangre, que por culpa de mi abusadora se impregnaron, por fortuna me deshice de ellos, y se los empaque en la maleta al famoso gordo barrigón, no se dio cuenta, que felicidad, con razón se puso nervioso y pálido cuando la policía le indicó que los acompañara, tartamudeaba y el cuchillo puesto en su último plato, donde ceno, que maravilla. Eso sí es placer, y no como los de la vieja cochina y profanadora, eso me saca de casillas. Ella pensó que yo era feliz siguiéndoles sus juegos morbosos, fingí, maldita enferma. Deseó sentir placer, pues placer le di, y uno mortal con dolor intenso y profundo en la agonía de su muerte. Sufrió poco, lastimosamente. La asquerosa pensó, que por ser una recogida de la calle, tenía derecho abusar de mí, y a ofrecerme a los otros enfermos como ella. Recuerdo sus últimas palabras “piedad”, ¿acaso ella la tuvo?, entregándome a esos desgraciados que abusaron de mí, “sin la tal piedad”, ella se burlaba, estaba drogada y borracha. Al otro día me inyectaron un líquido en mi cuerpo para evitar un embarazo, ¿y de quién? Maldita ojalá se pudra más allá del infierno. Me inquieta un poco el nuevo huérfano, otro perjudicado más, lo encontré al final del pasillo esa noche, se quedó mirándome con ojos de acusador, pero él no puede decir nada, gracias a él, me anime a clavarle el cuchillo a la superiora, fui motivada a defender un inocente. Ella se lo ligó primero y no bastando con su nuevo juguete decidió ir a buscarme para que yo la consintiera, sucia. Para mi desgracia yo era su esclava sexual favorita, nauseas me dan. Después que la asesine quede feliz. Tan dichosa estaba, que así con mi sangre caliente, fornique con él, demostrando que yo era mejor que ella, soy afortunada, es mudo y mi cómplice, por eso me mira con sigilo, además le gusto, me busca en las madrugadas en mi habitación. Necesito que pronto se vaya la policía, debo ejecutar al siguiente, aunque seguiré cauta para que no haya sospecha. ¡Soy una víctima! Los otros andan asustados como nenas, pero ya les llegará su turno. Mientras hago mis rezos y limo las uñas. 

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  1. Que relato más impactante un tema que te eriza la piel y sientes asco de que ocurra en la realidad. Fantastico como lo has narrado.