TE DESEO LO MEJOR… AMOR

Luisa despertó más temprano de lo acostumbrado, aún acostada comenzó a desperezarse, era una mujer muy hermosa a sus cuarenta y tantos años. Con hijos, ya casados todos, este hecho le bastaba para considerar que ya había cumplido con todos aquellos requisitos exigidos en la raza humana.

Para nada tenía esmero en arreglarse o acicalarse, ni siquiera para ir a la empresa donde trabajaba. Como usaba uniforme no se preocupaba en renovar su guardarropa y poco a poco, después de irse sus hijos, se convirtió en una persona asocial.

Se trasladaba de su casa al trabajo, sin salidas a reuniones, ni paseos, ni amistades, su único medio de comunicación con el mundo lo hacía a través de la tecnología, pues contaba con un ordenador solo para saludar familiares y alguna amiga lejana.

Le apasionaba escribir, se dedicaba hacer cartas de amor o documentos de cualquier tipo para otras personas a manera de encargo y hasta obituarios de fallecidos desconocidos a petición de sus familias.

Esa era su rutina diaria, hasta que un día le mencionaron si alguna vez entró a un chat de amigos, ante tal mención enrojeció avergonzada, así de puritana e inocente era Luisa, que teniendo los medios desconocía su alcance.

Una noche, recordando el comentario buscó en el navegador por simple curiosidad, apareciendo una serie de opciones y recomendaciones que fue ejecutado, algo temerosa comenzó a entrar en mundo desconocido.

Se fue codeando con grupos de personas que decían ser de sitios muy lejanos, a pesar de su desconocimiento intuía que muchos eran con falsa identidad.

A través de las redes un día conoció a alguien que cambió su monótona existencia __Federico, dijo llamarse y tras días de escribirse supo que se trataba de un ser solitario como ella. Comenzaron conversaciones triviales y con el pasar de los días, y los meses éstas fueron haciéndose más y más profundas.

La ansiedad de Luisa aumentó, sentía que en cada intenso escrito, sus almas se desnudaban. Día tras día a primera hora de la mañana el repicar del teléfono se volvió costumbre y al colocarlo en su oído la voz grave y varonil de Federico se dejaba oír con la letra de una canción «te quiero mucho, mi bien compréndelo te quiero mucho» de Matt Monro.

La vida de Luisa había dado un vuelco descubriendo en su interior el pozo de la felicidad. De repente todo para ella tenía sentido, quienes vivían en su entorno notaron su positivo cambio. Tan pronto llegaba del trabajo, como una niña corría a encender su ordenador, donde siempre le esperaban intensas cartas de amor que se cruzaban a través de hilos invisibles mientras más crecía el sentimiento que los unía.

Ya cerca del año llegó el momento más esperado, Federico decidió cruzar el océano para encontrarse con su amada Luisa, el encuentro fue lo más hermoso que pudieron vivir, disfrutaron su idilio con caricias y promesas y muchos planes a futuro. Cincuenta días con sus noches fueron los testigos silenciosos de la entrega de sus cuerpos al fundirse hasta convertirse en uno. Abrazados muy unidos entre risas y anécdotas compartió con los hijos de Luisa agradables momentos. Luego al quedarse solos disfrutaban las mieles de su amor. Así llegó el día de su despedida entre lágrimas de tristeza ambos llegaron al aeropuerto donde se dieron un beso eterno so promesa de que no sería la última vez. Días después Federico en la distancia destilaba aún más su amor. No pasó mucho tiempo una mañana estando Luisa en su oficina repicó el teléfono un número desconocido de larga distancia, emocionada dijo, seguro es Federico, pero no: una voz femenina con acento extranjero del otro lado preguntó ¿Es usted Luisa? Ésta hecha un mar de nervios contestó ¡Si yo soy! Mientras los pensamientos se agolpaban en su mente algo le había pasado a su amado, en silencio espero que aquella voz le dijera más cuando ésta se dejó oír, de nuevo fue para decir «Yo soy Doris la esposa de Federico». Luego de una larga plática le contó que él, pasado de tragos, le confesó su existencia y ella quería salvar su matrimonio. Luisa con lágrimas en los ojos colgó el teléfono y con su mano las apartó, creía firmemente “que la felicidad de uno no se construye sobre la desgracia de otro. Federico no había sido del todo sincero, pero a la vez la devolvió a una vida latente que ella ya había dado por olvidada despertándola a una diferente y pletórica, siempre le estaría agradecida por ello, internamente le deseó lo mejor y pensó que por lo que habían vivido juntos nadie les quitaría lo bailao.

Había perdido un amor… y ganado una oportunidad,

se abrirían nuevas puertas estaba viva seguiría adelante. Adiós amor adiós.

Fin

M. Lina Hernández Fuentes ☘️

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Respuestas

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  1. El engaño duele pero en este caso Luisa ha optado por la positividad que le pueda haber aportado esa experiencia. Muy bien relatado. Enhorabuena Lina.

  2. Una realidad por desgracia demasiada frecuente, pero de todo se aprende… . Enhorabuena Umbelina