TERESA, LA MANTIS RELIGIOSA

Había una vez una mantis religiosa que quería ser más amante y menos piadosa. Se llamaba Teresa y era un poco traviesa. No deseaba quedarse soltera pero ningún congénere ansiaba ser su novio.

Vivía en la rama de un árbol en un frondoso bosque y se mimetizaba por completo con esta pasando así desapercibida. Era su hogar y estaba a gusto en él, pero se encontraba muy sola.

Todas las mañanas plegaba sus patas delanteras y rezaba para encontrar a ese compañero que tanto anhelaba. Luego se comía alguna que otra mosca, aunque tampoco le hacia ascos a mariposas, grillos, polillas, escarabajos, arañas o saltamontes. Su dieta era sana y equilibrada y por supuesto antes de comer daba las gracias a Dios por los alimentos concedidos porque ella era muy devota.

Se lamentaba de que la vieran como una hembra fatal. Cuando algún macho se atrevía a cortejarla lo hacía con cuidado porque temía ser devorado. Y es que Teresa cuando estaba en pleno apareamiento se volvía muy agresiva, no podía remediarlo. Daba un intenso abrazo al macho que en ese instante experimentaba su mordisco letal y perdía literalmente la cabeza por ella.

Sus amigos le aconsejaron que fuese a ver al búho Mirón, que era psicólogo y así fue como Teresa empezó a ir a terapia por las noches. Al mismo tiempo se apuntó a unas clases de yoga con Tieso, el insecto palo y frecuentemente se la podía ver haciendo la postura del árbol o la de la flor de loto. Estas clases le proporcionaron relajación y equilibrio, cambiando por completo su vida.

Pasó el tiempo y un buen día Teresa conoció a Mateo, un mantis religioso pequeño y garboso. Inmediatamente se enamoraron y enseguida se aparearon. Y adivinad qué ocurrió… ¡pues que no se lo comió! Y por fin Teresa encontró el amor. Así es que aprended la lección… ¡siempre estamos a tiempo de cambiar nuestra condición!

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  1. Ainss Carmencita, ¿ qué hacemos con Teresita?.Menos mal que descubrió como encontrar el amor, sin descabezar. jajaja