THE DATE

Miraba sus fotos de Instagram. Las ampliaba con el zoom. Aumentaba el escote, hasta que sus  pechos ocupaban toda la pantalla del PC, o los cachetes del culo que se dejaban ver en esos minúsculos pantalones que solía llevar. Sus poses sensuales, la mayoría de las veces en su habitación, los posados en bikini en la playa. Todo en ella era una provocación, su larga melena rubia, sus ojos verdes, o al menos eso es lo que pensaba él. Detrás de la pantalla del portátil, los ojos lujuriosos de Joe cobraban vida, no podía evitar excitarse. Por supuesto le había pedido seguimiento en la red con un perfil falso. Candace era la chica más popular del instituto. No podía dejar de pensar en ella. Era algo que lo dominaba. Una tarde mientras sus ojos estaban inyectados en sangre y empezaba a dirigir su mano hacia  su ya abultada entrepierna, decidió mandarle un mensaje para que se vieran. Una sonrisa sibilina se dibujó en su rostro. Había aceptado, aquella estúpida tenía la cabeza llena de pájaros- pensó henchido de satisfacción.

Cerró el portátil de un golpe, al escuchar como lo llamaban desde el otro lado de la puerta.

Candece se había probado medio armario. Esa tarde había quedado con Max,  no se habían  visto , pero siempre le comentaba sus fotos en Instagram y era el primero en darle “like”. ¡Era tan mono!, ya era hora de que se conocieran. Le decía que era una diosa, una divinidad. Acababa de llegar al pueblo y lo primero que quería hacer era conocer a la chica más guapa del Insti. Y sin duda esa era ella, la más guapa y chip de toda Santa Mónica- pensaba divertida mientras escuchaba a todo volumen la última canción de los “Jonas Brothers”, “Sucker”.Max era diferente a todos los chicos que conocía. Era más maduro y ¡estaba tan pendiente de ella siempre! Se había recogido el pelo en una coleta alta, llevaba un top bandeau negro  y unos shorts blancos, que resaltaban con el moreno de su  piel.

Llevaba horas conduciendo por una carretera comarcal. El espejo retrovisor le devolvía un rostro sudoroso, encendido. Esa tarde cuando se despidió de su mujer y de su hija  lo hizo con un brillo especial en los ojos. Un brillo maléfico, perverso. No era la primera vez que lo hacía. Justificaba que tuviera que mudarse tan a menudo a otro estado, aludiendo que al ser un profesor interino debía de cambiar continuamente de Instituto. Cuando abrió el maletero de su Fiat 500, se topó con la mirada aterradora de Candece. Maniatada y con un pañuelo en la boca, golpeaba con los pies la parte trasera del coche. La presión de las bridas de sus tobillos le habían provocados heridas sangrantes. Emitía ahogados gritos,  las lágrimas mezcladas con rímel inundaban sus preciosos ojos verdes.

-¿Cómo está la más divina del Instituto?- babeó Joe, mostrando una sonrisa sardónica. Mientras que el filo de su cuchillo resplandecía a la luz de la luna.

 

 

 

 

 

 

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Respuestas

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  1. Buen relato en similitud con la serie.
    Una buena descripción de los detalles que hacen percibir la candidez de la chica y la maldad de él.