Thor, el gato negro

Una mirada gatuna de un amarillo intenso se clava en mí. Presiento que siente una atracción especial por mis rodillas. El animal se acerca sigiloso sin quitar la vista de las piernas, mientras yo sigo sentada esperando para acariciar a aquel extraño felino.

Thor, es un gato negro, lleno de habilidades para entretener a los humanos. Se sienta sobre dos patas simulando los osos circenses, es capaz de cazar moscas y enseñarte el trofeo, actua como un funambulista que desafía las leyes de la gravedad.

Los humanos quedamos extasiados con su apariencia y habilidades. Cuando nos ve hablar gira su cabeza de una a otra persona según quién hable. Menea su cola buscando más afecto y sus ojos invitan al juego.

Estoy hipnotizada con su piel azabache; no soy supersticiosa. La atracción que siento por este entrañable animal me hace estirar la mano y rozar con suavidad el hueco que hay entre sus orejas. Él ronronea y yo disfruto de jugar con este mágico ser.

Mis labios dibujan una leve sonrisa que se convierte en mueca cuando el dulce minino introduce sus afiladas garras en mis extremidades. Suelto un alarido y lucho por desprenderme de él con un fuerte bofetón de mi mano opuesta. La criatura con suma agilidad se escapa y refugia en una esquina desde dónde me observa.

Trato de calmarme pensando que es un simple accidente, pero tras unos minutos, Thor aparece junto a mí, y sin dejarme tiempo a reaccionar ataca de nuevo con las zarpas en la misma pantorrilla. Grito con todas mis fuerzas, y un intenso dolor recorre mi cuerpo. Alargo el brazo hacia la mesa para coger un pesado cenicero metálico que lanzo contra la fiera. Él da un rápido salto, y el cenicero se estrella contra una zapatilla protegiendo por suerte la tarima de madera del fuerte impacto.

Huyo arrastrando la pierna ensangrentada. Me dirijo al baño para rebuscar en el botiquín los productos necesarios para curarme. Cuando lo consigo regreso al sofá dejando un rastro rojo a mi paso. Cierro la puerta tras de mí. Me coloco sobre unas toallas para no manchar la tapicería. Limpio las heridas y las cubro con vendas. Estoy a punto de terminar cuando escucho un ruido que procede da la manecilla de la puerta, la cual se mueve con pequeños golpes secos. No quito la vista de allí, mientras sudo y noto como el pulso se acelera. Sin apenas darme cuenta Thor está a mi lado, observa las vendas. Me resulta imposible mirar sus ojos.

Adoraba a ese ser de cuatro patas, que ahora me provoca una fuerte repulsión. Su sigilo me impide reaccionar hasta que lo miro junto a mí. Abandono mis pensamientos y me centro en mi cuerpo que se tensa y en una leve agitación que me recorre de arriba hasta abajo.

La cabeza de Thor roza mi tobillo y se tumba panza arriba con la esperanza de que le acariciara la barriga y jugará con él. Mis músculos se agarrotan a la espera de una nueva agresión que no se produce. Agotada me acurruco en el sofá. Un sopor se apodera de mí y sin ser consciente caigo en un profundo sueño.

Una mano suave acaricia mis brazos y cubre mi cuerpo frío con una sábana. Abro los ojos para toparme con una mirada azul intenso acompañada de unos labios sonrientes. Trato de explicarme pero con gestos cariñosos me invita a callar.

Me despertó de nuevo, el tacto de una lengua de gato lamiendo mi dedo gordo del pie. Me levanté sobresaltada para descubrir que una gata blanca salpicada con motas negras me vigilaba tratando de llamar mi atención. Traté de zafarme de ella, y al fijar la vista en mis piernas las descubrí sin ninguna lesión.

Inspeccioné la sala en la que me encontraba y los objetos me resultaron extraños a pesar de tener los muebles la misma ubicación que en casa.

Se escucharon unas pisadas, tras las que apareció un enorme felino que caminaba a dos patas. Hablaba un idioma extraño, que provocó la huida de la blanca criatura.

Un impulso me llevó a incorporarme repentinamente, sin embargo una pata negra se interpuso en mi camino y me lo impidió.

Un poder sobrenatural me impedía actuar, hasta que sentí un susurro en los oídos.

Abrí lentamente los ojos y descubrí, que mis dos gatos Yin, y Thor estaban conmigo. Uno blanco y otro negro azabache. Mi cuerpo estaba intacto, y todo había sido una maldita pesadilla.

Miro a Thor y siento un escalofrío cuando descubro que sus ojos se han clavado en mi cuerpo y que sus pupilas dilatadas recorren mi cuerpo hasta detenerse en mis extremidades inferiores. El pánico se apodera de mí hasta que una voz masculina aparece y se sienta junto a mi besándome.

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