TODO POR LA FAMILIA

El llanto de mis hijos me sacudió y me enfrentó a la escena que acababa de protagonizar. Mi mano todavía aferraba el cuchillo ensangrentado. Tenía los nudillos lívidos de tanto apretarlo. Un gran charco de sangre se extendía por el suelo y se acercaba a mis pies. Los ojos de mi marido me miraban incrédulos, ya sin vida, como pidiéndome explicaciones. «¡Maldita sea Walter! Tú has provocado todo esto al convertirte en un monstruo» le confesé desesperada, aunque ya no podía oírme.

Hubo un tiempo en el que fuimos felices. Nos casamos muy enamorados. Luego llegó nuestro hijo. Juntos enfrentamos la dura situación de su parálisis cerebral. Él era un esposo gentil, un buen profesor para sus alumnos a los que transmitía su pasión por la química, un padre generoso y cariñoso. Pero aquel cáncer de pulmón no operable que le diagnosticaron, no solo había invadido sus órganos, también había aniquilado su bondad y se había extendido matando cualquier atisbo de humanidad en él.

La transformación había sido brutal. Llegué a no reconocer a la persona que dormía conmigo en la cama. Extrañada por sus raros comportamientos y sus salidas intempestivas, le vigilé y descubrí a qué se dedicaba: fabricaba metanfetamina clandestinamente y la vendía a las mafias de la droga. Con ello provocaba la muerte de personas inocentes. Cuando le interrogué me confesó que todo lo había hecho por nosotros, por asegurarnos un futuro cuando él ya no estuviese.

La naturaleza humana es imprevisible. Su corazón se había corrompido tanto que parecía otra persona. Incluso abusó de mí alguna noche. Llegaba con el alma envenenada por las miserias a las que se enfrentaba y yo era su válvula de escape.

Hoy habíamos asistido al funeral de Hank, agente de la DEA y marido de su hermana. Todos estábamos abatidos, pero Walter especialmente, le tenía mucho cariño. Hank se ocupaba de erradicar el tráfico de drogas en Albuquerque y se había topado con unos indeseables que le habían acribillado a balazos. Lo peor fue descubrir que habían sido enviados por Walter porque Hank le seguía la pista y estorbaba. Aquello fue el detonante de esta tragedia.

Al llegar a casa habíamos discutido. Nuestro hijo no podía creer que fuera cierto, pero finalmente aceptó que su padre se había convertido en alguien sin escrúpulos. Cuando nos vio enfrentados a él se lo tomó como una traición y cogió a nuestra hija pequeña. Estaba fuera de sí. Se la quería llevar y no podía consentirlo. Agarré lo primero que tenía a mano: un gran cuchillo de cocina. No sé de dónde saqué el coraje. La mujer que rasgaba el aire con aquella hoja afilada no era yo. Vi mi reflejo en el espejo y me asusté. Sin embargo, una fuerza superior a mí me obligaba a seguir. Walter soltó a nuestra hija para defenderse y esta salió corriendo para resguardarse detrás de su hermano. Entonces le ataqué hasta clavarle el cuchillo varias veces. Solo paré cuando se desplomó en el suelo.

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Respuestas

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  1. Carmen, te lo has echado encima, ahora tendrás que cuidarte de la DEA.
    Tu creatividad e imaginación son buenísimas. Este tema es algo que se vive en muchos hogares por la falta de oportunidades de empleo para la gente, muchos arriesgan sus vida para llevar el sustento a sus familias. Dios te bendiga. Felicitaciones.