Todo por ti. 

La oscuridad que los héroes creían vencida residía aún en un silencioso Rumpelstiltskin, que les observaba consciente del poder que tenía en aquella daga, oculta bajo la elegante americana. Garfio había muerto y la desesperación se reflejaba en los ojos de Emma tanto como la determinación de sacarlo del inframundo.

La barca avanzaba lentamente entre la bruma hasta que el entorno se tornó enrarecido, lúgubre, frío. A simple vista seguían en casa, pero todos sabían que los muertos serían sus nuevos vecinos.

La ciudad era una siniestra calcamonía de su Storybrooke; así que no debería ser muy complicado dar con el pirata. Hablaron con algunos de los habitantes, temiendo las represalias contra Regina por su antigua vida, hasta que dieron con una aterrorizada Ariel.

Tenía el pelo alborotado y farfullaba algo sobre una prisión custodiada por un horrible monstruo.

Blanca se agachó junto a ella y le retiró un mechón de la cara.

—Ariel. ¿Garfio está allí?

Ella asintió, mirándoles con ojos horrorizados al descubrir que pretendían enfrentarse al Cancerbero. La sirena, creyendo que su príncipe había muerto, había acudido a aquel lugar con el mismo propósito que nuestros héroes, pero Hades la había encerrado en aquel lugar. Garfio la había ayudado a salir, así que debía devolverle el favor.

—Tengo una idea —dijo entre sollozos—. No sé si funcionará, pero mi canto puede distraerlo.

—¿Por qué no lo has probado antes? —preguntó Emma.

—Para que mi voz sea hipnótica debo ser… una sirena.

Los miró a todos con cara de preocupación intentando que ellos dieran con la forma de hacer aquello posible.

—Puedo envolverla en agua mientras tú la transporta. —Miró a Emma buscando su aprobación y ella sonrió con complicidad.

Con ambas manos estiradas, las dos mujeres ejercían su magia hasta que llegaron a aquella cueva oscura en la que quizá encontrarían la victoria o la muerte.

La voz de Ariel comenzó a rebotar en la húmeda roca. Era melosa, atrayente, dulce. Escucharon el rugido del animal como respuesta, acompañado del atronador sonido de su trote, que fue disminuyendo hasta que cayó ante sus pies.

—¡Garfio! —gritó Emma rompiendo el contacto con Ariel, haciéndola caer.

Corrió desesperada, gritando el nombre de su amado hasta que le encontró tendido, malherido e inconsciente. Colocó la cabeza del pirata en su regazo, al tiempo que este despegaba los párpados hinchados perezosamente.

—Swan —susurró en una sonrisa—. Me has encontrado.

Alargó una mano para recoger la lagrima que caía del rostro de ella, que se agachó para unir sus labios en un beso que demostraba que su amor era más fuerte que la muerte. 

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Purificacion Ferron Gonzalez
Purificacion Ferron Gonzalez
5 days ago

Brillante, como escribes guapa.

Javier Montesinos
4 days ago

Muy bueno. El pirata rescatado por la sirena

Maialen
4 days ago

Un relato genial y muy bien narrado. Me ha gustado mucho.

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