TRAICIÓN

Después de un sonido estridente, silencio. Un cumulo de temores e inseguridades acuden, pero la inmensa paz que transmite ese silencio le dibuja una macabra sonrisa.

Tranquilo, todo ha acabado. ¡Maldito perro! No pasa nada, que hay de extraño que un perro ladre en una urbanización, no te obsesiones. No tiene pulso. Imbécil, pones la misma mueca de cuando te creías superior a mí. Todo va a ir bien, el plan ha salido a la perfección. Mañana a nadie le va a sorprender que este malnacido no acuda a la reunión. Qué poco gusto, el color de la habitación…

El sonido del móvil interrumpe sus pensamientos.

¡Maldita sea! ¿Quién será? No pienso contestar. No me lo puedo creer.

Se asoma a la ventana que da al jardín.

¡Para ya|, no voy a contestar. ¿Lo cojo? Habíamos quedado que vendría aquí en cuanto yo le avisara, le dije que no me llamase. Pero, ¿y si ha surgido algún inconveniente? Le dije que su teléfono podía estar pinchado por la UDEF, está en su punto de mira, después de la filtración que dio el tesorero del partido. Otra vez, no puede entender que si lo cojo van a localizar la llamada. Será mejor que espere y yo la llame. La verdad, mira que es horrible el color. Relax, no te precipites. ¡Qué asco!, la sangre está empapando la moqueta. Y el perro que no para. Dicen que hay perros que huelen la muerte o cuando te vas a morir, por la sustancia esta. ¿Cómo se llama?, sí. ¿Cómo era? Por fin para, no debo perder tiempo. Llamo.

Le tiemblan las manos, busca la llamada perdida.

Uno…, dos…., tres…., ¡maldita sea!, ¿por qué no lo coges? Se me olvidaba, la llave de la caja de seguridad del banco. Me dijo que la tenía en el garaje, en la caja de herramientas. Capullo, me vas a hacer revolver todo, podías haberla guardado en el cajón de tu despacho. Vuelvo a llamar. !Dios!, tengo el estómago revuelto. Uno…, dos…, tres…, cuatro…, estoy empezando a impacientarme. ¿Dónde cojones te has metido? No debí tomar la copa que se empeñó en que tomáramos para brindar por el futuro.

La luz del sótano parpadea.

La caja de herramientas, la caja de herramientas, en este armario, mierda está cerrado. ¡Ow!, no puedo con este dolor. A ver…, debe haber algo para poder forzar la cerradura. ¡Ahí está!, lo tengo. Debería volver a llamar. Reflexiona, que puede haber pasado para que no conteste. Este dolor no me deja pensar.

Su frente se cubre de una sudoración excesiva.

¿Qué me está pasando?, no hace calor y estoy sudando. Me encuentro fatal. Si ella no viene…O acaso…No puede ser no sería capaz. Sin la llave no puede acceder a los documentos que él iba a entregar. Cobarde, por qué en el último momento cuando ya lo teníamos todo atado te arrepentiste. Hubiera sido tan fácil. No tenían pruebas del dinero ingresado por los contratos. ¡Aquí está!, la tengo.

El sonido de la verja llama su atención. Sube corriendo las escaleras pero el fuerte dolor hace que trastabille y caiga al suelo. No puede respirar. intenta hablar pero no puede.

Gracias a Dios, Sofía…ayúdame, no puedo respirar, no puedo hablar. ¿Por qué no me has cogido el teléfono? ¿Por qué no me ayudas? Llama a un médico, me ahogo…

Ella se agacha a la altura del oído.

¡Maldita zorra! Lo tenías todo planeado. Por favor ayúdame.

Está buscando la llave, revisa sus bolsillo, se da cuenta que tiene el puño cerrado y se lo abre, él se resiste pero le fallan las fuerzas.

¡No me dejes aquí!, ¿voy a morir?, ¡ayúdame! Esto no puede acabar así…

La puerta del sótano se cierra.

Nunca debí fiarme de ella, la copa que me ofreció. Tengo miedo. Tengo frío. Dios mío ayúdame. Tengo miedo, tengo miedo, me ahogo. Ayuda por favor. No quier… mor… Ayud…

El silencio inunda de calma la estancia. En su rostro ha quedado dibujada una mueca de dolor, de terror.

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Respuestas

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  1. Toma ya !!!! Pedazo relato. Te superas en cada uno de ellos. Este es fantástico, Javier. Angustioso, escalofriante y sorprendente. Un placer leerte en este género. Felicidades, amigo.