TRIC O TREAT?

Gabriel saltó de su cama de un brinco, frotándose sus ojos soñolientos. Su rostro pecoso mostraba una gran sonrisa, hoy era la fiesta de Halloween. La noche anterior lo dejó todo preparado, su disfraz de esqueleto y las pinturas para maquillarse. Había ensayado con su madre “ Trick or Treat? en inglés y la calabaza naranja estaba lista para que se la llenaran de dulces y golosinas.  Acababan de mudarse a la ciudad, quizás esta vez se quedarían lo suficiente. Al oír el timbre  bajó las escalares de tres en tres peldaños, ansioso por abrirle la puerta a sus amigos.

-Diviértete mucho mi amor, pero no te separes de tus amiguitos ¿vales?, repite conmigo “Trick o Treat?- le dijo su madre esbozando una sonrisa que ocultaba la desazón que llevaba por dentro. Madre e hijo entrelazaron sus meñiques, en ese gesto de complicidad que ambos tenían.

-Trick  o Treat? ¡Me sale genial!, seguro que traigo la calabaza llena de chuches,¡ hasta luego mami!- se despidió Gabriel llevándose toda la alegría que le cabía en su corazón.

Raquel lo despidió con la mano, viendo cómo se alejaba junto a los otros niños: Batman, una novia cadáver,  un colorido payaso y un zombi destartalado formaban un quinteto terroríficamente divertido.  Cerró la puerta sin poder evitar esa sensación  de inquietud. Su pequeño se merecía ser feliz, ambos se lo merecían. Por fin la sonrisa había vuelto a ese inocente rostro y sus ojos miel volvían a brillar. El sentimiento de culpabilidad aún albergaba en su corazón, por haber metido a ese monstruo en su vida. Cada vez que se despegaba de su hijo la ansiedad la devoraba, el miedo se le había adherido a  cada poro de su piel. En unas horas estaría de vuelta, feliz y emocionado con su calabaza de Halloween llena de golosinas.

Se quedó adormecida viendo una película, un mensaje en su teléfono hizo que saliera atropelladamente de su casa, con una presión en el pecho que dificultaba su respiración. No entendía como había conseguido su número, siempre fue un manipulador. Tenía que encontrar a su hijo antes de que fuera demasiado tarde. En la calle  risas y gritos se mezclaban en un ambiente festivo. Raquel Iba de puerta en puerta preguntando a los vecinos por Gabriel, generando desconcierto.  Angustia. Sequedad en la boca. Sudor frio.  Corría desesperada detrás de todos los niños que llevaban el mismo disfraz que su pequeño. Incluso les bajaba la capucha o los giraba exaltada, intentando toparse con esa sonrisa pecosa. Quizás era solo una amenaza más, era su forma de torturarla desde que se atrevió a dejarlo. Oscurecía, estaba aterrorizada. Abrió el siguiente mensaje con manos temblorosas, esta vez era una devastadora imagen: la de su hijo y su maltratador; debajo una frase que la paralizó, las piernas le flaquearon: “te lo advertí zorra, no volverás a verlo nunca».

El grito desgarrador de una madre hincada de rodilla en la acera, pasa desapercibido entre el bullicio de esa fatídica noche de Halloween.

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Bel
Bel
5 days ago

Tremendo relato Puri, lleno de amor. Magnífica descripción de la fiesta y un final aterrador. Me ha impactado. Bravo

Hebe Rubio
5 days ago

¡Que buen relato! Inesperado y desgarrador final. Siempre te superas.

María
5 days ago

Qué duro, qué bien narrado. Se me han puesto los pelos de punta. Qué angustia. Muy bueno, Puri

Carmen
4 days ago

Un relato tierno y brutal a la vez. Muy bien narrado, me ha encantado. Enhorabuena.

Javier Montesinos
3 days ago

Genial y estremecedor. Relatado de manera esquisita

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