Un mal inmortal

La roma punta de la oxidada espada se clavó en la garganta del noble con dificultad, a lo cual contribuyó la escasa fuerza del asesino, que apenas había sido capaz de cargar con el arma hasta allí…

Las esclavas de Su Excelencia Wenner eran numerosas, y nadie sospechó del único varón entre ellas debido a su corta edad, por lo que no fue posible identificar al culpable de la escabechina.

Lo lógico en cualquier otro territorio hubiera sido ahorcarlas a todas, sin embargo, los requisitos impuestos por el Señor de aquel tenebroso castillo a la hora de la selección, eran difíciles de cumplir, y el mayordomo principal no quiso pasar por el problema de adquirir una nueva partida… Y, de todas formas, el joven Wayne era el tercer hijo y su compostura dejaba mucho que desear, por lo que en realidad, el asesino le había hecho un favor a aquel al que tanto odiaba…

El asunto se encubrió y la vida continuó en un recóndito lugar en el que ni siquiera el famoso Héroe, de quien se decía que había llegado para cambiar el país, fijaría nunca su mirada.

Desde el incidente, tanto la armería como la vieja herrería estaban siempre custodiadas por un buen puñado de guardias, y si el Señor escogía a alguna de las prisioneras para satisfacer con ella sus placeres más secretos, varios soldados eran obligados a asistir impertérritos al sanguinario y lamentable espectáculo.

−Las cosas nunca cambian− murmuraba el pequeño Lester.

Mientras se afanaba a limpiar los establos con sus manos desnudas… La situación solo había empeorado desde la noche en que el amo se había llevado a su madre y él había robado una herramienta inservible y la había clavado en la garganta del violador, de forma torpe y necesitando utilizar ambas manos y un pie para atravesarle el gaznate…

El niño solo tenía tres años cuando compraron a su madre y se lo llevaron también a él por condición expresa del mercader; su deber, consistía en encargarse de las tareas que ni siquiera los sirvientes de la casa estaban dispuestos a realizar. Como el cuidado de las esclavas, la limpieza de las celdas y otras labores “de las que las personas no deben ocuparse” … ¡Exactamente! Lester no era una persona, era un esclavo, un ser inferior a las boñigas de vaca que debía recoger.

Solo mujeres fértiles, que ya habían sido madres, pero que aún eran hermosas, eran compradas por Wenner, para ser violadas por sus hijos primero y torturadas después en sus últimos días de gestación por el caprichoso y despreciable amo hasta la muerte… Así pues, tras perder a su madre, Lester decidió que él no quería ser humano.

Años después, al aparecer Layla, una chica de su edad que había perdido a su primer hijo a causa de una enfermedad, recuperó parte de la humanidad que había desechado, para volver a perder una parte de ella cada vez que su amada era violada frente a él sin que pudiera evitarlo… Y el día que ella fue elegida para afrontar el infierno y la muerte, sin saber con seguridad si el hijo que llevaba en su vientre era suyo, la perdió por completo…

− ¡El Rey demonio ha muerto! –

Aquella proclama se realizó desde la balconada real. La larga guerra contra los demonios había llegado a su fin gracias al Héroe, y el pequeño Lester lo miró con los ojos iluminados, y se fijó como objetivo imitarlo… Sin embargo, los nobles recuperaron su libertad, y con ella, su madre y él terminaron perdiendo la suya…

El trono era duro y su tacto frío, pues estaba hecho de huesos humanos. Aunque la sensación de acariciar el cráneo del viejo Wenner, cuya calavera ejercía de reposabrazos, resultaba sin duda agradable…

− ¿Qué es un demonio, Héroe? – preguntó cuando su enemigo natural llegó por fin ante él.

− ¡Eres el mal mismo! − contestó este, seguro de su papel como salvador.

– ¡Exacto! ¡Yo soy el mal! – reconoció el nuevo Rey demonio antes de lanzarse a la batalla.

Con diecisiete años, Lester dejó atrás su humanidad para siempre, y logró despertar un oscuro poder. En un momento en el que solo los hijos de los nobles eran capaces de costearse la matrícula de la escuela de magia o la de caballeros, e incendió las tierras de Jeremy Wenner junto con este y toda su familia, además de los soldados y los sirvientes; por qué, para el muchacho, observar cómo se llevaban a cabo semejantes atrocidades impasiblemente, era lo mismo que practicarlas… Y un tiempo después, llegó a la conclusión de que la verdadera igualdad solo podría ser alcanzada si el mundo se veía obligado a unirse para enfrentar un mal inmortal…

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