VENGANZA PERDIDA

    Amanecía en Ramekia, tercer planeta de la galaxia Sumira descubierta en el año 2511 después del fatal desenlace para los terrícolas. La búsqueda y colonización de otros planetas fue imperiosa para albergar a los humanos. Los viajes en el espacio ya eran un hecho habitual. Moverse por el Universo ya no era un impedimento.

    Kausser era el típico hombre buscavidas que a cambio de los “cretcoins” para poder vivir se dedicaba a lo que fuera necesario. Podía ser un mercenario sin ningún escrúpulo, un transportador de mercancía o un ajustador de cuentas de un proveedor descontento.

    Sus padres murieron tras una fuga tóxica en la instalación de la colonia donde vivían mientras dormían. Él estaba terminando su formación y entrenamiento como soldado para el Ejercito Planetario. Eso fue lo que le salvó la vida, pero en su interior germinó la culpabilidad. Al estar lejos de su familia para aprender a proteger el Universo, le llevó a perder a quienes más quería.  El trauma lo empujó a convertirse en un hombre desalmado.
    Su facciones de hombre atractivo se fueron endureciendo durante los diez años siguientes a su pérdida. No tenía en cuenta las muertes que llevaba a sus espaldas ni los huesos que había roto para finalizar su encargo. Vivía sin pensar ni sentir.

    Nunca se había propuesto compartir su vida con nadie hasta que en uno de sus encargos conoció a Mirta.
    Al igual que él, se ganaba la vida aceptando trabajos arriesgados que otra mujer no haría, pero a Mirta no le faltaban agallas y había entrenado lo suficiente para luchar contra los bestias osados que la subestimaban.

    Era una mujer de cuerpo musculoso y bien formado. Sus ojos verdes resaltaban en su rostro de tez clara rodeada por una rizada melena negra.
Siempre iba armada a pesar de que su propio cuerpo ya era una arma temida y conocida por quienes habían osado menospreciarla.

Se había convertido en una  Damperer muy solicitada. Así es como se llamaban los de su oficio. El resto que intentaba sobrevivir con el mismo estilo de vida tenía que conformarse con encargos sencillos y menos valorados.

    La decisión de ser una Damperer estuvo clara en su mente cuando asesinaron a sus padres por no poder pagar una deuda.
La imagen de verlos en el suelo sobre un gran charco de sangre la transformó en una mujer vengativa. Su idea era conseguir averiguar quien había cometido el asesinato para ajustar cuentas. La mejor forma era estar dentro del círculo. De una forma u otra alguien sabría algo o se iría de la lengua.

    Mirta y Kausser se conocieron en Ramekia y sus vidas se unieron en el momento en que los ojos verdes de ella atraparon la voluntad de Kausser. Aunque la frialdad estaba instalada en el corazón de ambos, aquel día quizá tenían la muralla de las emociones sin la fortificación suficiente y se coló el amor por una grieta.

    Durante un tiempo seguían aceptando encargos por separado y procuraban coincidir en algún planeta para alimentarse de la pasión que surgía entre ellos.
Después decidieron realizar los encargos de forma consecutiva y juntos. Ambos eran igual de despiadados cuando cumplían una misión y todo lo contrarío cuando estaban a solas en la intimidad. Existía entre ellos una simbiosis que les hacía recuperar su humanidad cuando estaban unidos.

    Aquel amanecer, Mirta con su cuerpo desnudo iluminado por la mortecina luz que entraba por la minúscula ventana, miraba los bloques de apartamentos de la colonia mientras Kausser dormía en la cama. No había querido creerse los rumores que le habían llegado desde varias fuentes, pero el día anterior se lo confirmó un cliente de confianza.
Él conocía la intención de encontrar al Damperer que mató a sus padres. Si él sabía algo, nunca tuvo el valor para decirle nada. Ahora ni todo el amor del mundo podía compensarla después de enterarse que precisamente él fue el causante.

    Se dirigió hacia la cama dispuesta a clavar su cuchillo en el pecho de quien le había robado la felicidad y ahora le había dado un nuevo aliento de vida. ¡Qué ironía!
De rodillas en la cama con el cuchillo en su mano, observaba la paz que se desprendía de la cara de él.

    Una fuerte patada abrió la puerta del apartamento y Kausser despertando apenas pudo mirar a Mirta para entender que estaba pasando. Ella como acto reflejo lanzó su cuchillo para reducir la amenaza, pero eran tres Damperers que se habían aliado para eliminarlos y así recuperar mercado. Uno recibió el cuchillo que atravesó su corazón y cayó a plomo en el suelo. Los otros dos cumplieron su objetivo.

    Sin apenas darse cuenta, el frío acero de los proyectiles penetraron en sus cuerpos y ambos cayeron sobre la cama intentando abrazarse mientras la vida se escapaba.

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