VOCES

¿Por qué no quiere acostarse conmigo? ¡Quién se cree que es! Debería estar agradecida por haberle permitido dormir en mi domicilio. Otro no lo hubiese hecho. Solo hace un mes que nos conocemos. He dejado que ella y su sucio bebé entren en mi casa. Hace tiempo que nadie pisa aquí. Solo yo. ¡Oh, vaya! Debí limpiar. Está un poco desordenada. Espero que no se dé cuenta. ¿Desde cuándo no me acuesto con una mujer? Ni me acuerdo cuándo fue la última vez. Sé que ella también lo está deseando, solo se hace la dura conmigo. Ya están de nuevo esas voces hablando dentro de mi cabeza. No me dejan pensar con claridad. No quiero escucharlas. Cada vez las oigo más. ¿Por qué no se van? Si se enterase mi madre me obligaría a ir a ese médico al que tanto odio. No quiero volver a su consulta. El muy cretino. Pensaba que me iba a tomar las pastillas que me recetó. Si supiera. No necesito sus medicamentos. Estoy bien. ¿Por qué no iba a estarlo? Las voces se irán. Solo aparecen cuando estoy alterado. Si consigo acostarme con ella, me calmaré y desaparecerán. ¿Y si lo que me dicen es verdad? ¿Si soy un ángel blanco, un ser de luz que tiene como misión aniquilar el mal y salvar al mundo de su destrucción? Hay personas que llevan dentro al maligno. Yo los distingo y tengo el deber de matarlos. Me gusta sentirme un elegido. Hoy he visto la maldad en la mirada de ese bebé. La puerta chirría. Debí echarle aceite esta mañana, pero cuando fui a hacerlo se había acabado. Más tarde lo apuntaré en la lista de la compra para que no se me olvide. Últimamente me falla la memoria. La edad no perdona. Ahí está él junto a su madre. Incluso dormido veo el mal en su interior. Se lo extraeré apretando mi mano contra su pecho. Es lo que me han dicho las voces que tengo que hacer. No me gusta esta sensación de sentir un corazón latiendo debajo de mi mano. Me repugna este niño. ¡Maldita sea, se han despertado! Esos llantos son propios de un ser malvado. No los soporto. ¿Por qué ella me mira como si estuviese loco? No lo estoy. No me gusta que me tire del brazo ni que me grite. Su voz se mezcla con las que escucho dentro de mi cabeza y con los lloros de su hijo. No lo resisto. ¡Que se callen! Necesito silencio. No soporto las lágrimas de este bebé, su cara congestionada, sus ojos desorbitados. No aguanto los gritos ni las súplicas de su madre. Quiero que esto se termine. Vale, lo haré. Sí, lo haré. ¡Callaos! ¡Silencio! ¡Ya basta! De acuerdo, lo lanzo. Ya está, ha debido chocar contra algo porque he oído un golpe sordo. Lo he hecho. Aún no me lo creo. El cristal de la ventana se ha rajado. Hay trocitos por el suelo. Conviene que barra si no me quiero cortar. Mañana tendré que llamar a un cristalero. No ha sido tan difícil. Las voces han desaparecido junto con los llantos. Seguro que están satisfechas. Les he hecho caso. Ella también ha salido corriendo escaleras abajo. ¡Mejor! ¡Que se vaya! ¿Quién la desea? Encontraré otra mujer que sí se quiera acostar conmigo. Por fin estoy tranquilo. Las voces y los gritos ahora están en la calle, pero ahí no me molestan. ¿Ha sonado el timbre? ¿Quién será a estas horas de la noche? Igual es ella que regresa arrepentida. 

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Respuestas

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  1. Madre mía Carmen que pasada de relato, me lo estaba viendo venir.Me has hecho sufrir con el bebé. Gran monologo amiga.

  2. Me has dejado petrificada Carmen. Menudo relato más impactante. Brutal!!
    Esas voces internas que llevan al caos. Muy bien escrito.